miércoles, julio 17, 2024

EL JICOTE…. LA DERROTA

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Los resultados electorales me han dejado consternado, confundido, colérico, desencantado. Si bien se dice que más se aprende en un derrota que en mil victorias, yo prefiero ganar. Como estudioso de la política soy un absoluto fracaso, reconozco que en mis momentos depresivos pensaba en que Xóchitl podía perder, pero nunca por la diferencia que señalan los números oficiales. Me invadió una ceguera voluntaria a las encuestas; traigo un atolondramiento circular, Antes de que me tire a las vías del Metro debo aceptar la derrota, por salud personal y seriedad académica, me aplico a identificar los motivos que me impulsaron a caer en esta hemisférica equivocación.


López Obrador, violando todo el marco jurídico electoral, se erigió como Jefe de Campaña de la insípida Sheinbaum. Las elecciones eran plebiscitarias; unió sus simpatías y las críticas a su persona con el resultado en las urnas, y ganó en forma contundente.

Por mi parte consideraba que un gobierno, que ha dado malas cuentas en la mayoría de los rubros, además se atreve a ofrecer continuidad, era totalmente absurdo, imposible ratificarlo en su herencia política. En este segundo piso ¡Qué habría? ¿Más violencia? ¿Más corrupción? ¿Más masacres y obviamente más carcajadas del Presidente? ¿Más influyentismo? ¿Más asignaciones directas? ¿Más impunidad? ¿Más militarización? ¿Más inflación? ¿Más regiones controladas por el narco? ¿Más instituciones democráticas dinamitadas?


A los votantes no les importó en lo más mínimo, los 800 mil muertos por Covid,; igualmente les valieron los 188 mil asesinados, los familiares de los 50 mil desaparecidos y los 30 millones de mexicanos que perdieron su seguridad social hasta sumar 50 millones; no les importó ni la debacle del Insabi, ni la farmacioota que cubre menos recetas que una farmacia de pueblo. Siguen convencidos que prolongando en el gobierno a Morena sí tendremos servicios de salud como Dinamarca. Los presupuestos de las obras magnas, que se desbordaron hasta el doble, les parecieron pecadillos veniales sin importancia.


Se va a leer a despecho, tal vez lo sea, no puedo evitarlo, pero después de la paliza recibida ante una administración deplorable, no dudo que si en el Titanic hubieran viajado puros mexicanos, apresurados hubieran salido de sus camarotes a aplaudirle eufóricos al iceberg; luego rogarle a gritos como ante un buen espectáculo: ¡Otro! ¡Otro!


La derrota no fue solamente el resultado de una elección de Estado, en la que resultaron inútiles más de cincuenta resoluciones de las autoridades electorales en las que se condenaba la transgresión descarada a la Constitución. La derrota tampoco es consecuencia exclusiva del dinero contante y sonante que se le daba a los ciudadanos para votar por Morena. Impresionante el cinismo de algunos grupos que protestan en las oficinas de los ganadores, por no haber recibido el total de la cantidad ofrecida para venderles el voto. La derrota apabullante exige una autocrítica.


Xóchitl me pareció una buena candidata, la mejor de las opciones visibles; muy superior a la insípida Sheinbaum. En el discurso se abusó de sus orígenes indígenas y de su trayectoria de esfuerzo personal por salir adelante. No se logró formular una propuesta clara, concreta, convincente; en pocas palabras no se cumplió con la esencia de una oposición: representar una alternativa diferente. Se depositó la confianza en un discurso crítico a López Obrador y a sus acciones de gobierno. Mientras en la narrativa de la Alianza se destacaba los peligros del autoritarismo y la necesidad de proteger la división de poderes en la democracia, a los electores les parecieron más importantes los programas sociales, los beneficios del aumento del salario mínimo. Se votó por un poder presidencial que concentrara el poder y que mantuviera la esperanza de progreso social.


La alianza de Xóchitl con los partidos opositores restó simpatías. Panistas y priístas, se rechazaban y muchos electores se negaron a apoyar una alianza en la que estuviera su enemigo histórico. Sus líderes se declararon satisfechos por sus posiciones en el Congreso y dejaron que la candidata trabajara sola.
Concluyo. Nos pegaron hasta con la cubeta. Reconozco los derechos que representa ser una mayoría, Reclamo también los derechos de los que somos claramente una minoría. No estoy de acuerdo con la tesis de que los electores firmaron un cheque en blanco a la plataforma electoral impuesta por el Presidente y a la que de seguro los ganadores no le van a querer cambiar ni una coma. Me declaro, de principio, insumiso a la intención de desaparecer la Suprema Corte de Justicia y a los otros órganos de control del poder. La resistencia apenas empieza.
Escribe: Edmundo González Llaca

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