El Loco de Corpus: entre la historia y la leyenda

 

Felipe Cabello Zúñiga
Cronista de Barrio de San Juan del Río

La historia de San Juan del Río está llena de personajes olvidados, pero pocos resultan tan fascinantes como Nicolás Camacho, el llamado Loco de Corpus. Originario del barrio de San Juan de Dios, este sanjuanense protagonizó en 1718 uno de los episodios más singulares del Virreinato al intentar atacar al virrey Baltasar de Zúñiga y Guzmán Sotomayor y Mendoza, Marqués de Valero, durante la celebración de Corpus Christi. Durante siglos su nombre permaneció prácticamente desconocido, hasta que el actor, dramaturgo e investigador Juan Carlos Zerecero  recuperó su historia a partir de los archivos del juicio que enfrentó tras aquel acontecimiento.

A diferencia de otras leyendas locales transmitidas de generación en generación, la historia de Nicolás Camacho permaneció oculta durante mucho tiempo. Pocas personas habían escuchado hablar de él y su nombre apenas aparecía en documentos históricos. Fue Juan Carlos Zerecero quien, al revisar los expedientes relacionados con el proceso judicial que enfrentó en la Nueva España, encontró un personaje extraordinario que merecía volver a ser contado.

La historia se desarrolla durante el gobierno del virrey Baltasar de Zúñiga y Guzmán Sotomayor y Mendoza, Marqués de Valero. Según los registros de la época, Nicolás Camacho intentó despojar al virrey de su espada durante la celebración de Corpus Christi de 1718 y estuvo a punto de atacarlo antes de ser sometido por la guardia virreinal. Sin embargo, más allá del atentado, fueron sus declaraciones las que llamaron la atención de las autoridades.

Durante el juicio aseguró padecer el mal de San Lázaro, hablaba con una mula llamada Ventura y afirmaba que el virrey era en realidad un demonio disfrazado. En su mente existía una misión que debía cumplir para derrotar al mal. Aquellas visiones, que hoy pueden parecer producto de la locura, terminaron convirtiéndose en uno de los relatos más peculiares vinculados con la historia de San Juan del Río.

A partir de esos documentos, Zerecero escribió El Loco de Corpus, una de las Leyendas Dramatizadas de San Juan del Río. Gracias a su trabajo, Nicolás Camacho dejó de ser un nombre perdido en los archivos coloniales para transformarse en un personaje reconocido dentro del patrimonio histórico y cultural del municipio.

Años después, durante los trabajos realizados en la Coordinación de Turismo encabezada por Gustavo Ríos, la historia volvió a cobrar vida dentro de los recorridos de Leyendas Dramatizadas. Fue en la segunda temporada a principios de siglo cuando apareció la representación de Nicolás Camacho, acercando nuevamente este episodio histórico a los sanjuanenses y visitantes.

Recientemente encontré una fotografía de una de aquellas representaciones. En ella aparece Emmanuel Fandiño interpretando al célebre Loco de Corpus. La imagen resulta particularmente evocadora: detrás de él permanecen atentos quienes representan a sus custodios, recordando a los guardias que lograron detenerlo hace más de tres siglos. La escena resume perfectamente la esencia de esta historia, situada entre la realidad documentada y la leyenda popular.

Hay un detalle que siempre me ha llamado la atención. Dentro de los delirios de Nicolás aparece la figura de un gobernante al que identifica como el demonio. En la obra, ese personaje está asociado al color rojo: rojo como el coral, rojo como la sangre, rojo como el mal que Nicolás creía estar combatiendo. Esa imagen poderosa de una figura roja persiguiendo los pensamientos del Loco de Corpus siempre se me quedó grabada. Tal vez por eso, años después, cuando surgió la idea de crear un proyecto cultural propio, encontré en ese simbolismo una inspiración inesperada. De alguna manera, el nombre de Colectivo Capa Roja nació también de esa fascinación por las historias olvidadas, por los personajes que caminan entre la realidad y la leyenda, y por la memoria que se niega a desaparecer.

Tres siglos después, Nicolás Camacho sigue cabalgando entre dos mundos. Por un lado está el hombre real que apareció en los expedientes virreinales; por el otro, el personaje legendario que recorre las calles de San Juan del Río montado en su inseparable mula Ventura. Quizá esa sea la razón por la que su historia sigue cautivando: porque nos recuerda que los pueblos también están hechos de fantasmas, de recuerdos y de voces que se niegan a guardar silencio. Y mientras alguien vuelva a contar su historia, el Loco de Corpus jamás regresará al olvido.

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