Felipe Cabello Zúñiga
Cronista de Barrio de San Juan del Río
Junio de 2017. Mientras la Feria Nacional Ganadera de San Juan del Río seguía su curso entre juegos mecánicos, conciertos y el ir y venir de los visitantes, en el Portal del Diezmo, dentro del Foro San Juan, se vivió una jornada distinta, de esas que con el tiempo se convierten en recuerdos entrañables. Hasta la ciudad llegó el Colectivo Rupestre para presentar Rupestre, el documental, dirigido por Alberto Zúñiga y producido por Jorge Pantoja, fundador del legendario Tianguis Cultural del Chopo.
Antes de la función hubo una parada obligada en la Cervecería Primus. Parte de la comitiva abordó el tranvía turístico para llegar al lugar, pero el trayecto tuvo un inesperado y muy rupestre giro. Entre bromas y risas, la palanca de velocidades se rompió y no hubo más remedio que continuar prácticamente en primera. La escena fue captada por el cineasta Jaime Ruiz Ibáñez, quien, fiel al humor que lo caracteriza, comentó que se trataba de un auténtico «vehículo de primera». Lejos de incomodar a alguien, el incidente provocó más carcajadas y terminó convirtiéndose en una de las anécdotas más recordadas de aquella visita.

Más tarde, la lluvia se hizo presente, pero ni el mal tiempo pudo opacar la expectativa. El Portal del Diezmo lucía completamente lleno. Había seguidores de San Juan del Río, de Querétaro y de otros lugares que acudieron para encontrarse, por primera vez, con músicos a quienes durante años sólo habían escuchado en discos y grabaciones.
Ahí estaban ellos, de carne y hueso: Nina Galindo y Roberto Ponce, del dueto Callo y Colmillo; Fausto Arrellín, Carlos Arellano, Roberto González, Eblen Macari y Armando Rosas y Clara Turner. Nombres fundamentales de la canción independiente mexicana que, por una tarde lluviosa de junio, dejaron la Ciudad de México para encontrarse con el público de San Juan del Río. También estaba Julia González, hija de Roberto González, quien más tarde compartiría algunas canciones con su padre en uno de los momentos más emotivos de la visita.

Hubo preguntas, agradecimientos y reconocimientos. Pero, sobre todo, hubo cercanía. Los músicos se mostraron accesibles, generosos con sus historias y agradecidos con un público que los escuchó con atención y afecto.
Terminada la proyección, la noche continuó en la Plaza Independencia. Ahí, en un ambiente íntimo y cálido, cada uno interpretó algunas de sus canciones. Las palmas no dejaron de sonar. Clara Turner, contemporánea y gran amiga de varios de ellos, especialmente de Nina Galindo, también tomó la guitarra y ofreció una de las participaciones más celebradas de la noche.

La jornada concluyó ya entrada la madrugada en el desaparecido Public House, donde algunos prolongamos la velada entre anécdotas, risas, música y la agradable sensación de estar compartiendo la mesa con personajes que forman parte de una historia fundamental de la música independiente mexicana.
Los invitados se hospedaron en el Hotel Patio Colonial. Ahí se encontraban, entre otros, Nina Galindo y Jorge Cacho, su esposo; Jorge Pantoja acompañado de Laura Castañeda; y el director Alberto Zúñiga, quien viajó junto con su primo Alfredo, integrante también del equipo de realización del documental.

Pero quizá lo más entrañable ocurrió al día siguiente. Los rupestres dejaron por un momento los escenarios para convertirse simplemente en visitantes de San Juan del Río. Roberto González preguntaba dónde se encontraba uno de los mercados más tradicionales de la ciudad. La respuesta fue inmediata: el Mercado Juárez. Hacia allá se dirigió acompañado de Raquel, su esposa, Julia y Mauricio.
La mañana dominical les regaló una estampa inesperada. En las inmediaciones del mercado se celebraba la Flor Más Bella del Campo o del Ejido, y los visitantes pudieron contemplar el desfile y el ambiente festivo de la ciudad.
Por casualidad, en la Finca Santa Veracruz, me encontré a Armando Rosas, Jaime Ruiz Ibáñez y Roberto Ponce tomando tranquilamente un café, disfrutando de la mañana sanjuanense. Carlos Arellano había tenido que partir temprano de regreso a Puebla, mientras que otros permanecieron un poco más en el hotel antes de emprender el regreso.

Traer al Colectivo Rupestre a San Juan del Río fue mucho más que proyectar un documental o presentar un pequeño concierto. Fue acercar a la ciudad un fragmento de la historia de la contracultura y de la canción independiente mexicana. Fue demostrar que aquellas composiciones nacidas en peñas, cafés y pequeños foros de la Ciudad de México seguían encontrando nuevos oídos y nuevos afectos.
Por unas horas, y también durante una tranquila mañana de domingo, los rupestres caminaron por las calles de San Juan del Río, y la ciudad los recibió como si siempre hubieran pertenecido a ella.

