Felipe Cabello Zúñiga
Cronista de Barrio de San Juan del Río, Querétaro
No esperaba ganar. Esa es quizá la manera más honesta de comenzar esta historia.
Fui a Aguascalientes con una investigación bajo el brazo, con el nombre de San Juan del Río por delante y con la intención, simplemente, de contar una historia que me parecía demasiado interesante para permanecer guardada entre periódicos viejos, fotografías y recuerdos de quienes la vivieron.
La historia era la de unas uvas. Pero no unas uvas cualquiera.
Eran las uvas que, en 1980 y 1981, salieron de los viñedos y tomaron las calles de San Juan del Río para convertirse en el centro de una celebración que buscaba darle a la ciudad una nueva identidad: la vendimia.
Del 28 de julio al 1 de agosto participé como Cronista de Barrio de San Juan del Río, Querétaro, en el XLVIII Congreso Nacional de Cronistas de Comunidades y Ciudades Mexicanas (ANACCIM), celebrado en Aguascalientes.
Mi ponencia se tituló “Cuando la uva tomó las calles: la vendimia que San Juan del Río soñó (1980-1981)” y fue presentada en la mesa internacional “Ferias y Carnavales de mi país”, donde las ponencias fueron evaluadas por catedráticos de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.
Y ahí estaba el reto. No quería llegar a leer diez minutos de fechas, nombres y datos. El tiempo permitido para cada participante era de diez minutos y mi investigación tenía menos de diez cuartillas, pero decidí que no utilizaría todo el tiempo si no era necesario.
Quería contar la historia. No leerla.
Quería que quienes estuvieran frente a mí pudieran imaginar aquel San Juan del Río de 1980: los carros alegóricos avanzando por las calles, los racimos de uva, la música, la gente reunida, el pisado de la uva y aquella primera madrina que se convirtió en parte de la historia de una fiesta que hoy pocos recuerdan.
Porque ese era, precisamente, uno de los puntos que más me interesaba rescatar.
¿Cuántas personas en San Juan del Río saben hoy que alguna vez tuvimos una vendimia?

¿Quién recuerda aquellos carros?
¿Quién recuerda a su primera madrina?
¿Quién recuerda a quienes hicieron posible aquella fiesta?
Ahí apareció José Velázquez, segundo cronista de San Juan del Río y uno de los principales impulsores de aquella primera vendimia. Un nombre que adquiere todavía mayor significado porque, años después, sería presidente de la Asociación Nacional de Cronistas de Comunidades y Ciudades Mexicanas.
También apareció don Antonio Morales, don Toño, quien puso su creatividad y trabajo en la elaboración de los carros alegóricos. Su hija, Rosy I, sería además la primera madrina de aquella celebración.
Y aparecieron los productores que aportaron los cientos de racimos necesarios para vestir aquellos carros; las casas vitivinícolas; el grupo de teatro Quetzzal, representando un bacanal romano entre música y aplausos; y una ciudad que durante unos días decidió celebrar alrededor de la uva.
Mientras investigaba descubrí que aquella vendimia no era solamente una fiesta.
Era un intento de construir identidad. Una ciudad que estaba creciendo quiso inventarse una tradición. Y ahí encontré la parte que más me interesaba como cronista: las tradiciones no nacen antiguas.
Alguien tiene que soñarlas primero, alguien organiza el primer desfile, alguien construye el primer carro, alguien acepta ser la primera madrina, alguien pisa las primeras uvas y nadie sabe si, cuarenta años después, otro llegará a buscar sus nombres.
Eso fue lo que quise contar. Y quizá por eso, cuando terminé mi participación, ocurrió algo que tampoco esperaba. Varios cronistas se acercaron para felicitarme.
Me dijeron que la investigación iba por muy buen camino. Reconocieron la manera de contarla y, entre las cosas que más me sorprendieron, alguien incluso me preguntó si era poeta. Me dio risa.
Pero también me hizo pensar que había conseguido lo que buscaba: que una investigación histórica no se sintiera como una investigación histórica, sino como una historia viva.

Y después vino la sorpresa mayor.
El tercer lugar
Durante la clausura del Congreso, en San José de Gracia, después de recorrer la presa Calles y visitar el Cristo Roto, llegó la entrega de reconocimientos.
Y escuché mi nombre.
Tercer lugar en la mesa internacional “Ferias y Carnavales de mi país”.
Esta vez sí puedo decirlo: me emocioné, porque realmente no esperaba ganar. Había ido a participar, a compartir una investigación y a representar a San Juan del Río. Pero aquel tercer lugar significó que una historia que casi había quedado en el olvido consiguió llamar la atención de quienes la escucharon y de quienes la evaluaron.
Y entonces pensé que el reconocimiento no era solamente para mí.
También era para José Velázquez, para don Toño Morales, para Rosy I, Para los productores que donaron sus uvas, para quienes construyeron aquellos carros, para quienes caminaron detrás de ellos, para quienes pisaron aquellas uvas.
Y para todos aquellos sanjuanenses que, en 1980, tuvieron la idea de hacer una fiesta sin saber que muchos años después alguien estaría tratando de reconstruirla.
También fue una alegría compartir este reconocimiento con la participación de otros cronistas queretanos. Omar Arteaga Paz, cronista de Ezequiel Montes y María Buenaventura, cronista de Cadereyta, fueron reconocidos en sus respectivas mesas al obtener también lugares destacados.
A todos los cronistas participantes, además, se nos entregó un reconocimiento por nuestra asistencia y participación en el Congreso.
Pero yo me quedo especialmente con una idea.
Quizá el premio no estuvo solamente en obtener un tercer lugar.
Quizá estuvo en comprobar que una historia pequeña puede hacerse grande cuando se cuenta con emoción.
Que una fiesta olvidada puede volver a despertar.
Que una fotografía puede volver a hablar.
Que un nombre puede volver a pronunciarse.
Y que un cronista puede tomar un puñado de documentos viejos, unas cuantas fotografías y algunos recuerdos para intentar devolverle a una ciudad algo que le pertenece: su memoria.
Hace más de cuarenta años, unas uvas tomaron las calles de San Juan del Río.
En Aguascalientes, con unas cuantas palabras, volvieron a caminar.
Y esta vez llegaron hasta el tercer lugar.
Fuentes consultadas: Revista Versión de Provincia (De Salvador Barrera y José Velázquez) y entrevista realizada a don Antonio “Toño” Morales, integrante y participante de la organización de la primera vendimia de San Juan del Río.

