Por Fantomas
Treinta años no se cumplen todos los días. La XXX Colectiva Sanjuanense debió convertirse en una auténtica fiesta del arte local, un momento para reconocer a los pintores que durante décadas han mantenido viva la actividad plástica en el municipio y para abrir las puertas a las nuevas generaciones de creadores. Sin embargo, el aniversario terminó dejando entre muchos artistas un sentimiento de desencanto.
No se trata de cuestionar la pertinencia de la exposición. Al contrario, después de tres décadas de existencia, la Colectiva Sanjuanense sigue siendo uno de los pocos espacios de exhibición colectiva para los artistas del municipio. El problema es que, en esta ocasión, las conversaciones no giraron en torno a las obras, las técnicas o las propuestas artísticas, sino a la organización misma.
La exposición, cuya organización corrió a cargo de Neftalí Sáenz Bárcenas, titular de la Jefatura de Patrimonio Cultural del municipio, estuvo marcada por las inconformidades de diversos participantes.
Uno de los principales motivos de molestia surgió a partir de la propia convocatoria. El documento establecía claramente que no se aceptarían obras sin marco, salvo en aquellos casos en que la pintura se extendiera al bastidor. Sin embargo, varios artistas señalaron que algunas de sus piezas fueron rechazadas precisamente por no contar con marco, aun cuando, según ellos, cumplían con la excepción prevista en las bases.
El resultado fue el descontento. Hubo pintores que decidieron llevarse de regreso sus cuadros y desistir de participar. Otros se quedaron sin una explicación clara de por qué sus obras no fueron aceptadas. Algunos más encontraron en sus perfiles personales de Facebook el único espacio para mostrar las piezas que finalmente no pudieron exhibirse en la colectiva y expresar públicamente su decepción.
Y quizá ese es uno de los aspectos más lamentables del episodio. Una exposición creada para reunir a los artistas de San Juan del Río terminó provocando que varios de ellos prefirieran exhibir sus obras en redes sociales antes que sentirse parte de una celebración colectiva.
Las inconformidades tampoco terminaron en el tema de la recepción de las piezas. Algunos participantes detectaron errores e información incompleta en las fichas de identificación de las obras expuestas.
Incluso hubo observaciones en torno a la información de una pieza del maestro Restituto Rodríguez, reconocido artista sanjuanense fallecido el año pasado. La ficha la presentaba como su última obra, una afirmación que resulta imprecisa, pues el maestro continuó trabajando y produciendo nuevas piezas prácticamente hasta el último día de su vida.
Podrá decirse que se trata de detalles menores. Pero en el ámbito cultural los detalles importan. Importa la manera en que se recibe a los artistas. Importa la forma en que se aplican las reglas de una convocatoria. Importa que la información de las obras sea precisa. Importa, sobre todo, que quienes participan en un proyecto de esta naturaleza sientan que existen condiciones claras y el mismo trato para todos.
Tal vez por ello el ambiente de la inauguración se percibió, para muchos de los asistentes, extrañamente desangelado. Había cuadros, había artistas y había treinta años de historia detrás de la exposición, pero faltó el entusiasmo que normalmente acompaña las celebraciones importantes. Las quejas y las inconformidades terminaron por robarle protagonismo a la propia muestra.
Y entre comentarios y expresiones de descontento, no faltó quien señalara, en tono de ironía, que la interpretación de las reglas pareció concentrarse en una sola persona, recordando al personaje de Ánimas Trujano (El hombre más importante).
Treinta años de historia merecían una mejor celebración. La XXX Colectiva Sanjuanense debió ser una oportunidad para fortalecer la comunidad artística local, para reconocer trayectorias y abrir espacios a nuevos talentos. En cambio, dejó una lección que no debería pasar desapercibida: en la cultura, tan importantes como las obras son las formas. Porque una exposición puede sobrevivir treinta años; recuperar la confianza y el entusiasmo de los artistas, en ocasiones, toma mucho más tiempo.

