Felipe Cabello Zúñiga
Cronista de barrio de San Juan del Río
Hay discos que no envejecen: se transforman. Un producto de los sesenta, el primer álbum de Eblen Macari, pertenece a esa estirpe rara de obras que no se quedan atrapadas en la nostalgia, sino que regresan para dialogar con el presente. La reciente reedición del material, impulsada por el sello independiente Azafrán Media, no es un simple ejercicio de rescate: es una revisión afectiva, técnica y generacional de un momento fundacional de la música independiente en México.
En entrevista con Eblen Macari cometa: –Recuerdo que el disco nunca dejó de circular del todo. A lo largo de los años, ejemplares del primer tiraje encontraron camino hacia Japón y Estados Unidos, donde el álbum fue escuchado y valorado como una pieza singular. “Siempre ha sido un disco con muy buena presencia-, no sólo por ser su debut, sino por algo que considera esencial: la calidad sonora. Grabado en un estudio profesional con Juan Switalsky, el disco conserva una solidez técnica que hoy, al volver a escucharlo, sigue sosteniéndose.
La reedición fue un proceso largo y cuidadoso, de un año, en diálogo constante con Juan José Salas —Juanjo—, fundador de Azafrán Media, desde San Juan del Río, Querétaro. No hubo prisa ni imposiciones. La cinta original fue digitalizada en Canadá y procesada posteriormente en estudios de Nueva York. La remezcla y masterización corrieron a cargo del hijo de Macari, quien logró extraer capas sonoras que permanecían latentes: guitarras más definidas, voces con nuevas reverberaciones, matices que no alteran la esencia, pero sí la hacen respirar distinto.
“No se trató de corregir al Eblen de aquel tiempo”, aclara el músico. El disco es el mismo, pero escuchado desde otro lugar, con otras herramientas y otra escucha. Incluso existe la posibilidad futura de una edición en acetato, a partir de una cinta multipista que Macari conserva y que podría abrir una nueva etapa del proyecto.
La relación con Juanjo Salas no es reciente. Han trabajado juntos en otros proyectos y comparten una pasión casi obsesiva por el archivo musical. Macari lo describe como un coleccionista riguroso, alguien que no edita por impulso ni por mercado. “No saca cualquier cosa. Lo hace porque está enamorado de esos proyectos”, dice. Esa ética explica por qué Un producto de los sesenta volvió a ver la luz con una edición cuidada: letras incluidas, créditos completos, textos y diseño pensados con calma.
Más allá del objeto, la pregunta es inevitable: ¿cómo se escucha hoy un disco nacido en otro tiempo? Para Macari, la respuesta no pasa por la nostalgia. Algunas piezas siguen funcionando en vivo, otras dialogan mejor con públicos jóvenes de lo que podría pensarse. “No me preocupa tanto a quién le habla ahora”, confiesa. El disco está ahí, disponible para quien quiera escucharlo.
En ese recorrido aparece inevitablemente Yo no nací en la Huasteca, canción que muchos consideran un himno rupestre. Macari la compuso en los años setenta, en un contexto donde dominaban las peñas y la música sudamericana, cargadas de discurso político. Él venía de otro lado: de los Beatles, de Paul Simon, de Yes. La canción fue una afirmación honesta, casi provocadora, y encontró una respuesta fresca, lejos del rechazo que se temía.
Para Macari, cada obra tiene su momento. No vive anclado en el pasado ni reniega de él. Como muchos músicos, sabe que el público espera ciertas piezas, pero también defiende la necesidad de seguir creando. Hoy, como miembro del Sistema Nacional de Creadores, su foco está puesto en la producción constante: 30 piezas grabadas por año, realizadas desde casa, incluso con un teléfono móvil. La tecnología, dice, ha cambiado las reglas, aunque no siempre a favor del músico independiente.
En ese sentido, reivindica al CD como un formato que hizo justicia a quienes trabajaban fuera de las grandes disqueras. “El acetato que nos daban era de segunda”, recuerda. El CD permitió, al menos por un tiempo, escuchar la música como debía ser escuchada. Hoy, en un mercado dominado por plataformas que dejan poco margen, el objeto físico vuelve a tener un valor simbólico y cultural.
Macari no planea autobiografías ni memorias. No le interesa la palabra escrita como eje central de su obra. Su territorio es la música, la línea melódica, el sonido que no necesita traducción. “Yo leo la música”, dice. Para él, ahí está lo universal, lo que permanece cuando las épocas pasan.
La reedición de Un producto de los sesenta no busca cerrar un ciclo, sino confirmarlo: algunas obras no sobreviven al tiempo porque se aferran a él, sino porque saben soltarse y volver cuando es necesario.
La reedición de Un producto de los sesenta circula fuera de los canales comerciales habituales. El disco puede conseguirse directamente con el sello Azafrán Media, escribiendo a azafranmedia@yahoo.com.mx o contactando la página de Facebook Azafrán Media, en coherencia con el espíritu independiente que dio origen al proyecto.

