#verdadesqueacomodaneincomodandelorena La mujer de la estación.

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Marcela miró como se perdía entre los rieles el gigantesco gusano negro. Estuvo esperando mucho tiempo su llegada en la vieja estación. Observó la maleta, que muda, permanecía a su lado como perrito faldero. Lanzó un hondo suspiro, apretó los labios, hasta que éstos formaron una fina línea en su rostro. Alrededor suyo, el lugar parecía un hormiguero, personas entrando, saliendo, niños inquietos, emocionados en sus juegos, ojos llorosos ante las despedidas, abrazos felices a los recién llegados. Cerró los ojos, por un momento, todos esos ruidos entraron a sus oídos como un mazo que destruye el concreto sin piedad alguna. Se levantó de la fría banca con lentitud, como si hubiese esperado por mucho tiempo y los años le cayeron encima. Esperó tantas veces la llegada de ese tren, acudía puntual y religiosamente cada día primero de mes, perfectamente arreglada, con la valija presta para abordar en cuanto lo viera aparecer. Esta vez, no sintió el dolor que laceraba su alma al ver la mole llegar, al no ver a nadie llamándole, no llegó a sus labios la oración pidiendo por él, no dejó correr las lágrimas por sus ajadas mejillas. Suspiró largamente, arregló los plateados cabellos, pasó la mano por su rostro como tratando de alisar las arrugas, acomodó su falda, echó una última mirada al tren que estático, parecía compadecerse de ella, se dirigió con pasos ligeros a la salida, no tomó la maleta, que parecía verle angustiada como diciendo ¡No me dejes! El aire fresco de la tarde pareció arroparla, las sombras de la noche devoraban los últimos rayos del sol, ya en la calle, caminó despacio, ligera, con la cabeza en alto. Un hombre sale de la estación, le grita: ___ ¡Señorita, señorita, ha olvidado su maleta! Marcela, esbozó una sonrisa, mordiendo las palabras respondió sin titubear: ___ Esa maleta no es mía joven, la olvidó una mujer que seguro subió al tren, va en busca de alguien que hace veinte años prometió que volvería el día primero de algún mes, seguro que la máquina ya partió, ¡Ilusa! Seguro que buscará en cada estación pensando que lo encontrará. Deje la maleta con el jefe de la estación, quizá cuando se canse de buscar, vuelva por ella. Una inesperada lluvia empezó a caer, Marcela mira de reojo al cielo y exclama burlona: ¿Acaso lloras por mí? Se quitó las zapatillas, caminó imperturbable entre los charcos que se formaban, de pronto comenzó a bailar como si una melodía la llevara. Un niño que la observaba guarecido bajo una cornisa le pregunta a su madre: ___ ¿Esa señora está loca mamá? Se va a enfermar. La madre contesta indiferente: ___ Es la mujer de la estación, cada mes está ahí, no se sabe a quién espera, cuando llega el tren se le mira feliz, llora cuando lo ve partir. Quizá hoy llegó a quien esperaba, por eso está tan contenta.
Lorena Reséndiz Mendoza (Del Ángel)

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