Demetrio Alegría Durán
A todo el Cuerpo de Bomberos de San Juan del Río, Querétaro
Hoy, 22 de agosto de 2026, mi corazón está lleno de recuerdos, emociones y sobre todo de gratitud.
Hoy cumplo 50 años como Bombero de San Juan del Río, Querétaro.
Cincuenta años… parece fácil decirlo, pero cuando uno mira hacia atrás y recuerda todo lo que ha vivido, comprende que no son solamente años: son muchas historias, momentos de angustia, de miedo, de esperanza, de compañerismo y sobre todo, de servicio a los demás.
Quiero dedicar estas palabras a todos mis hermanos y hermanas Bomberos, a quienes siguen formando parte de esta gran familia y, de manera muy especial, a aquellos que emprendieron ya su último viaje y que dejaron una huella imborrable en nuestra institución y en nuestros corazones.
Mi historia como Bombero comenzó hace 50 años, junto con mis grandes hermanos Félix Hernández Peña y Marcelino Olmos.
En aquel entonces éramos solamente tres adolescentes que trabajábamos en la tienda de abarrotes “La Mexicana”, ubicada frente a lo que en aquel tiempo era la Presidencia Municipal de San Juan del Río.
El dueño de aquella tienda era el señor Jesús Hernández Ramírez, nuestro patrón, sin que nosotros supiéramos que también era el Segundo Comandante de Bomberos.
Y así comenzó nuestra travesía.
Recuerdo perfectamente aquella llamada telefónica que recibió Félix Hernández Peña. Una señora preguntó si ahí era la Central de Bomberos. Félix le respondió que se había equivocado de número, porque aquello era una tienda de abarrotes.
Pero la sorpresa fue descubrir que ¡sí era la Central de Bomberos!
Nuestro patrón, el señor Jesús Hernández, era el Segundo comandante.
Y entonces fuimos a atender nuestro primer incendio.
No sabíamos lo que significaba ser Bombero. Éramos jóvenes y apenas comenzábamos a descubrir lo que teníamos frente a nosotros.
Recuerdo aquella primera unidad: una pipa de agua con una motobomba colocada en la parte trasera del tanque, cuyo conductor era el señor Enrique Trejo.
Nosotros no sabíamos siquiera cómo tomar correctamente una manguera.
Fue entonces cuando el señor Sergio Pesquera, Primer comandante, nos enseñó cómo colocarnos, cómo sujetar la manguera, cómo abrir el pitón y, sobre todo, cómo enfrentarnos a las llamas.
Esa fue mi primera experiencia como Bombero.
Y después vinieron muchos incendios más.
En aquellos tiempos no teníamos los uniformes, los equipos ni la protección con los que hoy cuentan nuestros Bomberos. No teníamos el equipo que hoy parece indispensable para enfrentar una emergencia.
Nos regalaron unas botas de jardinero y eso era prácticamente todo lo que teníamos.
Pero teníamos algo que ningún equipo puede sustituir:
teníamos voluntad, teníamos valor y teníamos un profundo deseo de ayudar.
Ayudar a personas que, en los momentos más difíciles de sus vidas, solamente necesitaban saber que alguien estaba dispuesto a llegar.
Con el paso de los años vivimos muchas experiencias.
Participamos en rescates de personas ahogadas en los canales, en la Presa de Tequisquiapan, en el río que desemboca en ella y en la Presa Madero.
Tuve el honor de ser uno de los primeros Bomberos en aprender y participar en el rescate de personas ahogadas.
También enfrentamos numerosos incendios.
Uno de los que jamás olvidaré fue el incendio de Papeles Ponderosa.
A mí me correspondió combatirlo en el patio donde se encontraban almacenadas las pacas de kraft. Era un incendio enorme.
Llegaron Bomberos de Querétaro y también compañeros de la Refinería de Tula, Hidalgo.
Pasamos toda la noche trabajando.
Toda la noche entre humo, fuego, cansancio y adrenalina.
Hasta que llegó la mañana.
Y después de aquella larga jornada, fuimos a desayunar al restaurante La Bilbaína, sobre Avenida Juárez.
Hoy, al recordar todo aquello, parece increíble que hayan pasado tantos años.
A veces siento que el tiempo pasó demasiado rápido.
Pero cuando cierro los ojos y recuerdo aquellas primeras llama

