Texto de Felipe Cabello Zuñiga
Cronista de barrio de San Juan del Río
Un día como hoy, en 1969, el sueño que inició mi abuelo y un grupo de hombres comprometidos con su comunidad dio un paso decisivo: el Cuerpo de Bomberos de San Juan del Río se convirtió oficialmente en una institución.
Décadas después, este legado ha sido reconocido públicamente. En 2018, Tania Ruiz, como presidenta del Patronato del Cuerpo de Bomberos, encabezó la conmemoración del 50 aniversario de la corporación y, en 2024, inauguró la estación de bomberos que lleva el nombre de Felipe Cabello Leyva, estando presente también el presidente municipal Roberto Cabrera Valencia y familia del fundador y parte del primer grupo de bomberos, reafirmando la memoria y continuidad de esta institución al servicio de la comunidad.
Cuando el fuego encontró nombre: la historia del origen del Cuerpo de Bomberos de San Juan del Río
Hay historias que no están guardadas en los libros, sino en la memoria viva de una ciudad. Caminan por las calles, se detienen en las esquinas, se asoman en los rostros de quienes todavía siguen ahí, a pie, sin reflectores. La historia del Cuerpo de Bomberos de San Juan del Río es una de ellas: una historia que comenzó sin sirenas, sin trajes especiales, sin camiones rojos relucientes… pero con algo mucho más difícil de conseguir: voluntad.
Escribo esto desde un lugar complejo. Mi nombre es Felipe Cabello Zúñiga y soy nieto de Felipe Cabello Leyva, el hombre que fundó el Cuerpo de Bomberos en San Juan del Río. A veces pienso que separar lo sentimental de lo histórico es casi imposible. Sin tocarse el corazón, escribir las cosas como fueron. Pero eso es justamente lo que he intentado hacer desde 2016, ya casi diez años de investigación, de caminar la ciudad, de hablar con quienes estuvieron ahí desde el inicio, de revisar actas, oficios, informes. No para engrandecer un apellido, sino para darle un lugar digno a una historia que, 57 años después, sigue viva.
Antes del fuego, la advertencia
Mucho antes de que existiera un cuerpo de bomberos como tal, la necesidad ya estaba escrita. En acta de cabildo el entonces presidente municipal Ernesto Callejas planteó, junto con sus regidores —Ricardo Martínez Estrella, Manuel Gómez, Arnulfo Chávez Arteaga, María Mercedes Camacho y Luis Borja Muñecas—, algo que hoy parece obvio pero que entonces era urgente: San Juan del Río no podía seguir dependiendo de Querétaro para atender incendios.
En ese documento se habla de formar un cuerpo de bomberos integrado por ciudadanos voluntarios, con “voluntad férrea y fe inquebrantable”, capaces de servir por el bien de sus semejantes. El acta advierte que esperar indefinidamente era “insensato y hasta suicida”. Sin embargo, el tema quedó archivado. La ciudad siguió creciendo. El riesgo, también.
1968: cuando la idea se volvió comunidad
Cinco años después, en 1968, la historia dejó de ser papel y se volvió acción. Mi abuelo, Felipe Cabello Leyva, conversó con Francisco Martínez Camargo. Fue la primera invitación, el primer “¿y si lo hacemos?”. Así nació el germen del cuerpo de bomberos: como comunidad, antes que como institución.
A finales de ese mismo año, el proyecto tomó forma. Se presentó ante el presidente municipal Raúl Olvera Aróstegui un anteproyecto formal para la creación del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de San Juan del Río. No era solo una idea: venía acompañado de una mesa directiva, un reglamento y una visión clara.
La mesa quedó integrada por:
- Felipe Cabello Leiva, presidente
- Francisco Martínez, secretario
- Lorenzo Hernández, tesorero
- Juan Aguilar Solano, vocal 1
- Ricardo Durán, vocal 2
- Manuel Bárcena, vocal 3
- Arturo Loyola, vocal 4
Aunque José Olvera ocupa el lugar de tesorero hasta 1969.
El reglamento —13 puntos en total— establecía deberes y obligaciones, exámenes para aspirantes, credenciales de identificación, derecho a inspeccionar inmuebles, elección de escudo y uniforme, y hasta un homenaje póstumo para quienes murieran en servicio. Nada improvisado. Nada simbólico solamente.
1969: la institución nace oficialmente
El 29 de enero de 1969, en el salón de cabildos de la presidencia municipal, quedó oficialmente constituido el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de San Juan del Río, en presencia del presidente municipal. A esa fecha, el cuerpo contaba con 25 voluntarios y un Comité de Damas, integrado por seis mujeres que sostuvieron gran parte del esfuerzo cotidiano.
El primer comandante fue Felipe Cabello Leyva; el segundo comandante, Jesús Hernández Ramírez. El cuerpo estaba integrado por Rafael Zamorano Zúñiga, Víctor Manuel Rocha Oseguera, Jorge Sánchez, Edilberto Montenegro, Enrique Zúñiga Pérez, Víctor Rojas, Alejandro Rojas, Luis Alberto Galeana, Alfonso Figueroa, Guillermo Osornio, Fidel Martínez, Héctor Callejas, Juan Manuel Ocampo Olvera, y Guillermo Garduño, entre otros.
El primer bombero uniformado fue Guillermo Elizarraras Bonnet, mejor conocido como “El Hungaro”. Y también hubo mujeres organizando, gestionando y sosteniendo: el Comité de Damas Voluntarias, presidido por María Oropesa, con María del Pilar Altagracia, Pueblito Reséndiz Noriega, Rosa María Ortiz y Violeta González Jiménez.
Sin camiones, pero con coraje
La primera estación se ubicó en avenida Juárez número 108, con el teléfono 154, lugar donde se ubicaba la refaccionaria de Cabello Leyva. En los setenta, de manera provisional, operaron desde la tienda La Mexicana, propiedad de Jesús Hernández. El equipo era mínimo: una camioneta Willis modelo 1952, un camión internacional en reparación, cubetas, lámparas, pitones y herramientas básicas.
Aun así, solo en sus primeros meses atendieron 14 emergencias con éxito. El propio presidente municipal lo reconoció en su segundo informe de gobierno. Hubo donaciones de particulares, de empresas como Ingenieros Civiles Asociados (ICA), y kermeses dominicales para recaudar fondos.
Por eso resulta injusto —y profundamente ignorante— decir que no eran bomberos porque no tenían equipo profesional. ¿Quién lo tuvo desde el primer día? Ninguno. La historia se construye con granitos de arena, no con vitrinas.
1974: la legalización
Finalmente, en 1974, el cuerpo se formalizó legalmente bajo el nombre de Prevención y Ayuda, cerrando así un proceso que comenzó como advertencia en 1963, se volvió comunidad en 1968, institución en 1969 y legalidad en 1974.

Hoy, 57 años después, muchos de esos nombres siguen caminando las calles. No están en estatuas ni en placas doradas, pero están en la historia viva de San Juan del Río. Esta no es una historia para la nostalgia, sino para el reconocimiento.
Esto es memoria.
Esto es ciudad.
Y esto —muy pronto— será también un proyecto del que volveremos a hablar.
Las estaciones y los nombres
Hoy, el Cuerpo de Bomberos de San Juan del Río cuenta con tres estaciones en funcionamiento. Una de ellas, ubicada en la zona oriente y abierta en 2024, lleva el nombre del comandante fundador y primer presidente de la mesa directiva, Felipe Cabello Leyva. Es una manera sobria de inscribir el origen en el presente y de recordar que las instituciones también se construyen a partir de las personas que las iniciaron.
La historia que no se apaga
La historia del Cuerpo de Bomberos de San Juan del Río no es una línea recta ni una épica perfecta. Es una historia hecha de intentos, de pausas largas, de documentos olvidados, de voluntades tercas y de personas que decidieron quedarse cuando lo más fácil era irse.
Comenzó como advertencia en 1963, se volvió comunidad en 1968, institución en 1969, legalidad en 1974, y memoria recuperada en 2018. Hoy sigue caminando, respirando, transformándose.
Mirar al pasado no es un acto de nostalgia, sino de responsabilidad. El presente se sostiene sobre esas decisiones tempranas, y el futuro —ese que todavía no conocemos— solo tendrá sentido si sabe de dónde viene.
Porque mientras haya quien recuerde, quien investigue y quien nombre,
el fuego no borra la historia: la ilumina.

