La tarde en que Ana Luisa Peluffo llegó a San Juan del Río

Felipe Cabello Zúñiga
Cronista de barrio de San Juan del Río

Hace unos días falleció la actriz Ana Luis Peluffo, les comparto esta crónica como un pequeño homenaje.

Las ciudades también guardan recuerdos como si fueran fotografías. No siempre son acontecimientos grandiosos; a veces basta una visita, un recorrido breve, una tarde distinta. En la memoria cultural de San Juan del Río existe una de esas escenas: el día en que la actriz queretana Ana Luisa Peluffo llegó a la ciudad.

La historia quedó registrada en las páginas de la revista “Visión de provincia”, que consignó la visita de una de las figuras más conocidas del cine mexicano. Para entonces, Peluffo ya había construido una sólida carrera en la pantalla grande. Su nombre aparecía en los carteles cinematográficos y su presencia era reconocida por el público que llenaba las salas en aquellos años en que el cine todavía era una de las grandes ventanas del entretenimiento.

Su llegada a San Juan del Río tuvo algo de homenaje y algo de encuentro. En la presidencia municipal fue recibida por el entonces alcalde, el ingeniero Gustavo Nieto Ramírez, acompañado por su esposa Carmen y por representantes de diversas instituciones locales. Allí se le entregó un pergamino como reconocimiento a su trayectoria artística. Fue un acto sencillo, pero cargado de significado: el gesto de una ciudad que abría sus puertas a una de las actrices que formaban parte del imaginario cultural del país.

Sin embargo, el momento más esperado de la jornada ocurrió en el antiguo cine de la ciudad, el Cinelandia. En esa sala —hoy evocada con cierta nostalgia— se proyectó la película La fuerza del deseo. Aquella función tenía un carácter especial: el público sabía que la protagonista se encontraba allí, entre los asistentes. De algún modo, la distancia entre la pantalla y la realidad se acortaba. La actriz que aparecía en la historia proyectada era la misma que, minutos antes, había saludado a la gente en el vestíbulo.

Durante su estancia, Peluffo también visitó la Casa de la Cultura. Recorrió los talleres donde los niños realizaban trabajos manuales, observó una pequeña exposición de piezas elaboradas por los alumnos y presenció una clase de baile folclórico. Las crónicas señalan que la actriz se mostró particularmente interesada en estas actividades, celebrando el esfuerzo por fomentar la cultura entre los más jóvenes.

Los documentos hoy nos permiten reconstruir el itinerario que se había planeado para la visita. En él aparecían varios sitios representativos de la ciudad. Sin embargo, algunos de esos recorridos no pudieron concretarse finalmente. Entre los lugares contemplados estaba el antiguo Puente de Piedra —hoy conocido como Puente de la Historia—, que debido a las condiciones en que se encontraba entonces no formó parte del recorrido realizado.

Otro momento significativo fue su visita al penal de la ciudad, donde conoció un programa artístico dirigido a las personas privadas de la libertad. A la actriz le llamó particularmente la atención la forma en que el arte se utilizaba como medio de expresión y aprendizaje dentro de aquel espacio.

La jornada concluyó entre conversaciones, fotografías y una comida en el Parador de la ciudad. En una de las imágenes que sobreviven aparece Pelufo posando en el kiosco del jardín principal. La escena tiene algo de postal: la actriz, elegante y serena, en medio de la vida cotidiana de la ciudad.

Con el paso del tiempo, aquel episodio quedó registrado en las páginas de “Visión de provincia” y en la memoria de quienes lo presenciaron. No fue un acontecimiento monumental ni un espectáculo multitudinario. Fue, más bien, un momento en que el cine mexicano descendió por unas horas de la pantalla para caminar por las calles de San Juan del Río.

Y así funcionan muchas veces las historias de las ciudades: pequeños encuentros que, con los años, terminan convirtiéndose en parte de su memoria cultural.

Fuente: Visión de Provincia.

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