La 4T deja indefenso al personal médico frente a la pandemia Mariana Gómez del Campo

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A nivel mundial, las salas de urgencias están colapsando conforme avanza la enfermedad COVID-19; pese a los buenos deseos del gobierno federal, México no será la excepción. Pero en la guerra contra este padecimiento, el cual ya cuenta más de un millón 100 mil contagios y más de 60 mil fallecimientos en el mundo, el primer frente está integrado por personal médico que todos los días dejan el alma en los hospitales intentando aminorar los daños de la pandemia.

Lamentablemente, en México el personal médico sale a combatir a ciegas y sin armas. A ciegas porque no tienen la certeza de la dimensión de los contagios en el país, lo que se debe a la “estrategia” del gobierno federal de no hacer las suficientes pruebas; según datos oficiales, al corte del viernes 3 de abril se habían realizado 15,688 test (121.6 por millón de habitantes), muy por debajo de los 54,824 (261 por millón) realizados por Brasil y de los 21,202 (439 por millón) en Colombia. Lo más grave es que las autoridades sanitarias nacionales saben que la cantidad de casos que no se han detectado es enorme; la semana pasada, la Secretaría de Salud reconoció que podría haber entre 10 a 20 casos no identificados por cada caso confirmado de COVID-19, estaríamos hablando de más de 30 mil casos no detectados y sin atención médica.

Por si fuera poco, el personal de salud ha manifestado en diversas ocasiones que no cuentan con el equipo, los insumos ni la capacitación necesaria para afrontar el recrudecimiento de la pandemia en territorio mexicano. Tal es la situación que médicos y enfermeras han salido a protestar en diversos estados del país como Chiapas, Ciudad de México, Coahuila, Guerrero, Hidalgo y Morelos.

En redes sociales han circulado diversos videos de personal médico externando a autoridades hospitalarias su inconformidad por la falta de protocolos para el manejo de personas enfermas de COVID-19. Basta recordar el caso del Hospital General de Zona número 7 de Monclova, que se convirtió en epicentro de un brote por el mal manejo de un paciente que provocó el contagio de 31 integrantes del personal médico y la muerte de un doctor que laboraba en el área de urgencias. En el Centro Médico La Raza murió un enfermero y la subdirectora de infectología; por su parte, Hidalgo y Zacatecas también reportan decesos de médicos.

Lo grave es que, pese a las muertes, los trabajadores de la salud denuncian que sigue sin haber medidas de prevención; es inadmisible que las enfermeras reciban un cubrebocas convencional, cuya vida útil es de 40 minutos, para toda una jornada orillándolos a conseguir con sus propios medios material de protección. Incluso el personal médico ha tenido que extremar precauciones en sus casas para no contagiar a su familia. El discurso en los hospitales del país es que sí hay material, pero los médicos y enfermeras no los ven por ningún lado; algunos directivos han afirmado que lo están guardando para “cuando venga lo peor”.

Es lamentable que el gobierno mexicano haya empezado a hacer compras de material médico apenas desde hace dos semanas, cuando debió hacerlo hace meses. Teniendo semanas de ventaja frente a otros países, la 4T actúa mal y muy tarde. Además, la actitud del presidente negando los riesgos de la pandemia ha incentivado el escepticismo de la población. Según una encuesta nacional publicada la semana pasada el 38% de los mexicanos consideran “poco probable” contagiarse de COVID-19 mientas que apenas el 14% señalan que es “muy probable” que lo hagan. Por otro lado, el desconocimiento de la enfermedad es tal que ha habido actos de discriminación hacia enfermeras a quienes les tiran cloro encima y no las dejan abordar al transporte público por temor de que puedan contagiar la enfermedad.

Estamos en las horas cruciales para el devenir de la pandemia en México, lo que suceda en las próximas semanas dependerá de las decisiones que se tomen ahora. El gobierno federal perdió demasiado tiempo en politiquería desde Palacio Nacional negando la peligrosidad de una pandemia global, que tiene en cuarentena a la mitad de la población en todo el mundo. Hoy deben dejarse de lado los caprichos faraónicos del presidente y destinar todos los recursos posibles al sector salud porque la guerra que se empieza a librar en los hospitales solo puede ganarse con material, no con estampillas religiosas ni con fuerza moral. No podemos dejar a médicos y enfermeras solos, necesitan la solidaridad que nos ha distinguido como país en los tiempos más difíciles, solamente así venceremos. Al tiempo…
Secretaria de Asuntos Internacionales del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional

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