María Nestora Téllez Rendón: memoria, silencio y el misterio de Staurofila
Felipe Cabello Zùñiga
Cronista de Barrio de San Juan del Río, Querétaro
Hoy, 25 de febrero, San Juan del Río recuerda el natalicio de una mujer que escribió sin ver, soñó sin límites y creó uno de los universos más singulares de la literatura mexicana del siglo XIX: María Nestora Téllez Rendón.
El primer acercamiento a la figura de María Nestora Téllez Rendón me fue compartido en conversaciones con el investigador, museógrafo y cronista no oficial de Querétaro, Fernando Delgado Garfias, quien llamó mi atención sobre la relevancia histórica y literaria de la autora.
Maestra de vocación, narradora de mundos simbólicos y autora de Staurofila, Nestora Téllez construyó su obra desde la oralidad. Perdió la vista siendo niña, pero no la imaginación. Sus historias nacían en el aula, contadas a sus alumnas, quienes las transcribían.
Así nació su novela.
No de la pluma.
De la voz.
La primera edición apareció en 1889 de manera anónima. Fue decisión de la autora.Solo después de su muerte su nombre fue revelado.
El reconocimiento que eligió callar
Entre los hallazgos documentados en su biografía —incluida en San Juan del Río a través de sus personajes que investigue personalmente— hay un episodio revelador.
Durante el Segundo Imperio, el propio Maximiliano de Habsburgo la distinguió al integrarla a la Orden de San Carlos, una condecoración reservada a mujeres destacadas por sus méritos.
Sin embargo, Nestora nunca hizo alarde de ello.
Se sabe que colocó la medalla en su rosario…
y no volvió a hablar del tema.
Un gesto que parece definirla:
Reconocida, pero silenciosa.
Honrada, pero discreta.
Staurofila: entre la luz y la sombra
Su obra más conocida narra la historia de una joven marcada desde la infancia por una serpiente de siete cabezas, cuya señal en el cuello simboliza una lucha espiritual.
Desde entonces, su destino queda dividido entre: El Reino de las Luces y El Reino de las Negras Sombras
Dos fuerzas que disputan no solo su lealtad… sino su alma.
Staurofila no es perfecta.
Es ingenua, terca, vulnerable.
Y por eso resulta moderna.
Castillos, batallas, paisajes simbólicos e incluso artefactos de comunicación que hoy recuerdan a dispositivos contemporáneos aparecen en la novela.
La primera vez que Staurofila tuvo rostro
(Conversación con Mike Ramírez, “El Lector Oscuro”)
Para entender la vida posterior del libro, conversé con el lector, fotógrafo e investigador Mike Ramírez, quien ha estudiado distintas ediciones de Staurofila.
Ramírez señala un detalle fascinante:
“Durante mucho tiempo, Staurofila no tenía rostro.
Existía una portada donde aparecía montando a caballo, pero no se distinguían sus rasgos.
Fue hasta la edición de 1980 cuando el artista Íñigo decidió representarla con un rostro claramente visible.
Ahí, por primera vez, dejó de ser una figura simbólica para convertirse en un personaje con identidad”.
Ese momento, explica, fue clave:
“Íñigo fue quien decidió darle cara. Antes era más una presencia que una persona”.
Ramírez también destaca la edición más reciente de la obra, publicada en 2021 por Carlos Altamirano Morales.
“Esta edición incluye un mapa de los escenarios y un diseño muy cuidado.
Carlos Altamirano ha sido fundamental para que el libro vuelva a circular”.
Pero el dato más revelador conecta pasado y presente:
El ascendiente de Carlos Altamirano, Manuel Altamirano, fue quien estuvo encargado del cuidado de María Nestora.
La obra regresó, simbólicamente, a su círculo.
Un legado que sigue hablando
Staurofila puede leerse hoy como: Alegoría moral, Fantasía simbólica, Relato espiritual, Proto-fantasía moderna. Pero sobre todo, es memoria.
Memoria de una mujer que creó mundos sin verlos.
Que fue reconocida por un emperador… y decidió callarlo.
Que dictó una novela que sobrevivió generaciones.
Hoy, en su natalicio, San Juan del Río no solo recuerda a una escritora.
Recuerda a una voz. Fuente biográfica:
San Juan del Río a través de sus personajes

